Irish style

Ireland, this country well known for the famous “St. Patrick Day”, the three leaf clovers and the Irish harp or “clarsach”, is certainly a beautiful destination to visit. Especially, if you enjoy nature.

On this occasion, it was my first trip alone. It made me nervous, but at the same time I wanted to experiment and, believe me, it is a unique experience. Not only because it makes you open up to new cultures, but you have a space of your own which you can enjoy as you  learn to defend yourself completely.

When I arrived in Dublin, and since I was only going for 3 days, I decided to explore the city center. In the lodging I was offered all the maps and transportation recommendations to get to the different sites.

I visited the famous statue of Molly Malone on Grafton Street, a busy pedestrian street. Then, I gave  a tour by Temple Bar, where I shared with  a group of Mexican guys who were also  traveling.  Yes, this is the experience I say: meet other people, exchange ideas and be completely humble and enjoy (with caution, clearly). Later,  I did a few laps around the  city center and I returned to rest at the hotel.

On the second day, I took a day trip  to “Cliffs of Moher” and the city of Galway, the cultural capital of Ireland. The tour was leaving at seven in the morning and lasted practically all day.  I booked the trip with Wild RoverTours. It was a tour in English. The ticket  price is 45 €, but if you are a student, it is 40 €.

During the tour, the guide explained everything seen and made a brief stop before reaching the cliffs, to go to the bathroom or buy something. Upon arriving at the attraction, you get two hours of visiting  time, and it is just wonderful. I recommend going in sneakers or  suitable shoes  for climbing and descending rocky terrain. You must look very well the weather forecast, because it usually rains. So,  carry the necessary implements.On leaving the cliffs, we headed towards Burren Clare, where we were given 5 minutes to get off and take the necessary photos.  The attractive is the rocky soil, dominated by karst landscape.

We followed our route and headed towards Galway or the “Venice of the West”, as the writer W.B. Yeats described it. It is very picturesque and you can feel more the Irish culture. The people are very friendly and you will find very good places to taste the traditional cuisine. It has a bohemian and artistic atmosphere. Night fell, back to Dublin. It was almost four hours of travel, which I took to rest, after a long day .

Last day in Dublin: this time I  did some shopping for souvenirs and took the last walk in the city center. I checked out and at the hotel I was able to leave my bags stored, in order to direct me for the last tour.

In this case, I visited the Guiness Storehouse, this famous brewery. A tour that was worth it. To get to this place I recommend that you do it by taxi. This was a recommendation that I also got, since the area is not so safe.
When you arrive, you scan your ticket, if you have it, or you get it at the box office. If you shop online, you can save a lot more. When you enter, you can do the tour alone or with the help of the audio guide, which explains everything you see. This has a cost of 2€.

The tour can last about three hours.  It already depends on what pace you go and if you stop to see or photograph their attractions. With the entrance you are entitled to a pint of Guinness beer. You can change it in the Academy, where they teach you how to serve the “perfect pint” and they give you a personalized certificate or in the 360 lookout. I opted to change it in the Academy and take that memory. Already, at the end of the tour, when leaving, is the store with endless memories and souvenirs of this famous beer.

Without a doubt, this country offers great experiences and places to visit: churches, museums, pubs, national parks, nature and wildlife. They even have the remains of St. Valentine’s in the Carmelite Church of Whitefriar in Dublin. It is therefore clear that Ireland is more than the characteristic green color.

Estilo Irlandés

Irlanda, este país muy conocido por el famoso “St. Patrick Day”, los tréboles de tres hojas y el arpa Irlandesa o “clarsach”, es sin duda un destino bellísimo para visitar; sobre todo, si te gusta disfrutar de la naturaleza.

En esta ocasión, fue mi primer viaje sola. Lo que me llenaba de nervios, pero a la vez tenía ganas de experimentar y, créanme,  es una experiencia única. No sólo porque te hace abrirte más a nuevas culturas, sino que tienes un espacio propio el cual puedes disfrutar como gustes y aprendes a defenderte totalmente por ti mismo.

Al llegar a Dublín, y ya que iba únicamente por 3 días, decidí  salir a explorar el centro de la ciudad. En el alojamiento me ofrecieron todos los mapas y recomendaciones de transporte para llegar a los diferentes sitios.

Visité la famosa estatua de Molly Malone, en Grafton Street, una calle peatonal muy concurrida;  di un recorrido por Temple Bar, donde compartí con un grupo de chicos Mexicanos que iban de viaje. Sí, esta es la experiencia que digo, conocer a otras personas, intercambiar ideas y ser completamente humilde y disfrutar ( con precaución, claramente ).  Luego, di unas vueltas por el resto del centro y regresé a descansar.

Al segundo día, cogi una excursión a “Cliffs of Moher” y la ciudad de Galway, la capital cultural de Irlanda. Ésta salía a las 7 de la mañana y duraba prácticamente todo el día. El tour lo reservé con Wild Rover. Es un tour en inglés y tiene un costo de 45€, pero si eres estudiante te cuesta 40€.

Durante el recorrido te van explicando todo lo que ves y hacen una breve parada antes de llegar a los acantilados, para ir al baño o comprar algo. Al llegar a la atracción, te dan dos horas para recorrer y es simplemente maravilloso. Recomiendo ir en zapatillas o zapato apto para subir y bajar terreno rocoso y mirar muy bien el pronóstico del tiempo, ya que suele llover y así llevar los implementos necesarios.
Al salir de los acantilados, nos dirigimos hacia Burren Clare, donde nos dieron 5 minutos para bajarnos y tomar las fotos necesarias, ya que lo atractivo es el suelo rocoso del mismo.

Seguimos nuestro recorrido y nos dirigimos hacia Galway o la “Venecia del Oeste”, como la llamaba el escritor W.B. Yeats. Es muy pintoresca y puedes sentir más la cultura Irlandesa; la gente es muy amable y encontrarás muy buenos lugares para degustar la cocina tradicional. Tiene un ambiente bohemio y artístico.
Cae la noche y vamos de regreso a Dublín;  nos esperaban alrededor de 4 horas de trayecto, las cuales aproveché para descansar, luego de un largo día.

Último día en Dublín: en esta ocasión aproveché para hacer unas compras de “souvenirs” y dar el último paseo por el centro. Realicé mi “check out” y en el hotel pude dejar las maletas guardadas, para dirigirme a realizar el último tour.

En este caso, visité la Guiness Storehouse, esta famosa fábrica de cerveza. Un tour que merece la pena. Para llegar a este lugar recomiendo que lo hagan en taxi y ésta fue una recomendación que también  me dieron a mi, ya que la zona no es tan segura.
Al llegar, escaneas tu entrada, si la tienes, o bien la adquieres en taquilla. Si la compras online, puedes ahorrarte mucho más. Cuando entras, puedes realizar el tour solo o bien con ayuda de la auto guía, la cual te explica cada cosa que vas viendo. Ésta tiene un costo de 2€.

El tour puede durar aproximadamente tres horas. En mi caso, fue así. Ya depende de a qué ritmo vas y si te detienes a ver o a fotografiar sus atracciones. Con la entrada tienes derecho a una pinta de cerveza Guiness. Ésta la puedes cambiar en la academia, donde te enseñan a servir la pinta perfecta y te otorgan un certificado personalizado o bien en el mirador 360. Yo opté por cambiarla en la academia y llevarme ese recuerdo. Ya, al final del recorrido, al salir,  está la tienda con un sinfín de recuerdos de esta famosa cerveza.

Sin duda, este país ofrece grandes experiencias y lugares para visitar: iglesias, museos, pubs, parques nacionales, la naturaleza y la vida silvestre. Incluso tienen los restos de San Valentín en la Iglesia Carmelita de Whitefriar en Dublín. Por lo tanto, es evidente que Irlanda es más que el color verde característico.

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